Infórmate en 5 segundos
- En una conversación con Jordi Évole al inicio de la nueva temporada de “Lo de Évole”, el cantante reflexiona sobre el inicio de su carrera pública, que tuvo un carácter abrupto en 2002 al participar en Operación Triunfo 2.
Desde la distancia que otorga el tiempo, Manuel Carrasco revisita el momento clave que transformó su vida. En una conversación con Jordi Évole al inicio de la nueva temporada de “Lo de Évole”, el cantante reflexiona sobre el inicio de su carrera pública, que tuvo un carácter abrupto en 2002 al participar en Operación Triunfo 2. Era su primera vez frente a una cámara; nunca había estado en un plató de televisión, aunque sabía lo que le esperaba, ya que había visto la primera edición y conocía el impacto del programa.
A pesar de ello, el miedo era palpable. Carrasco recuerda aquellos días previos al casting, describiendo el programa como “un salvavidas en medio del océano cuando te estás medio ahogando“. No buscaba la fama en sí, sino la necesidad de escapar de su entorno y cruzar las fronteras de su pueblo. Tenía cualidades: cantaba, componía y dirigía agrupaciones, pero también enfrentaba dudas e inseguridades que le hicieron entender que, de otro modo, no se atrevería a dar el paso.
Las luces y las sombras de OT
En los primeros años de su carrera, Carrasco reconoce que se dejó llevar por el relato del éxito tal como se lo habían presentado. Aceptó condiciones que consideraba un peaje necesario para alcanzar su sueño, firmando un contrato de cinco años. Con el tiempo, llegó a la conclusión de que fue el único en cumplirlo en su edición, no por convicción, sino por falta de información. “No me quejaba porque no tenía ni idea”, señala.
Mientras otros concursantes tenían mejor asesoramiento, él no contaba con apoyo adecuado. Las creaciones que le ofrecían no le convencían, lo que desencadenó sus primeras confrontaciones. Quejarse le convertía en alguien incómodo, aunque la rentabilidad seguía presente.
Tras muchas disputas, consiguió que incluyeran algunas de sus composiciones en su primer disco, aunque debía aceptar otras que no le convencían. Durante ese tiempo, vivió alejado de su hogar, manteniéndose en Barcelona, donde compartía piso con un compañero de edición, Joan Tena, durmiendo en un colchón en el suelo sin sábanas. Carrasco admite haber estado desorientado, sin saber cómo gestionar su nueva vida.
Hoy, con la perspectiva que le da el tiempo, reconoce que también ha tenido que lidiar con pérdidas dolorosas: “De todos mis primeros discos, siendo el autor completo de las canciones, la mitad de los derechos no son míos”.
Lo que pasó después de OT 2002
En esa edición, compartió escenario con artistas como Beth, Elena Gadel, Joan Tena o Miguel Nández, así como con Vega, a quien Évole considera un ejemplo de resistencia y resiliencia. Carrasco comparte esta visión, destacando que ambos han vivido tanto el éxito como sus momentos más difíciles. “Hemos disfrutado del éxito, pero también hemos enfrentado su cara más dura”, explica.
A pesar de las experiencias vividas, está seguro de que no repetiría el proceso: “Sabiendo lo que sé ahora, no”. Cuando Évole le cuestiona sobre si habría logrado lo mismo sin Operación Triunfo, Carrasco rememora el brutal contraste entre la fama temporal y la cruda realidad de actuar ante un público reducido de 300 personas. En ese momento, sentía que tenía que comenzar de nuevo.
No volvió a su pueblo por miedo a regresar con la sensación de haber fracasado. Barcelona le dejó recuerdos luminosos, pero también una tristeza silenciosa de aquellos años, llena de confusión y soledad. Esta experiencia ha moldeado el artista que es hoy.